10% de tristeza

En septiembre seguimos de viaje. Nuestro viaje dura ya muchos años, más de tres décadas. Y no nos cansamos. Porque cada nuevo trayecto, cada nueva etapa sigue sorprendiéndonos.  Por más que al hacer la ruta intentábamos imaginar todo lo que iba a suponer, la sorpresa siempre está al acecho. Afortunadamente. Gracias a las sorpresas seguimos en ruta. Qué aburrido sería que el viaje fuese tal como lo habíamos imaginado antes de partir. ¿Para qué viajar entonces?

Algunos lugares nos sorprenden y lo que pensábamos que sería una parada breve se alarga. Y los viajeros quieren volver y volver. Y volvemos. Tenemos tiempo. No tenemos nada que perder.

Los viajes son mejores o peores según los compañeros. Hemos tenido y tenemos muy buenos compañeros de viaje. Tripulantes o pasajeros. Compañeros de viaje, ese concepto tan querido para nosotros,  cobra cada vez más sentido. En los últimos años muchos de nuestros allegados han ido celebrando aniversarios, bodas de plata…nos hemos dado cuenta de que nos conocimos hace ya mucho tiempo y nuestra relación perdura. Algunos no han dejado de acompañarnos de manera continuada  durante este tiempo. Otros  decidieron explorar otros caminos y después volvieron a sumarse a nuestro viaje. Algunos otros  siguen sus  propios  recorridos, auténticos viajes de creación, y nos los encontramos cada cierto tiempo en algún cruce o en alguna parada. Con ellos recordamos viejas anécdotas y, a veces, decidimos hacer parte del trayecto juntos de nuevo. Otros, más jóvenes, se van sumando cada año. Buena señal. Aportan otras visiones y energía. Felicidad. Nos hacen sacudirnos la pereza, seguir arriesgando en los itinerarios y buscar la aventura. Porque, por si aún no te has dado cuenta, tenemos que decirte que, lo que realmente nos gusta, lo que amamos, es la aventura.

 

 

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