PERMANENTE_Efímero (La última boqueá)

Cuando se abre el diccionario se aprende mucho. El término efímero se aplica a lo que dura un solo día. Es sinónimo de fugaz, pasajero. En botánica se aplica a la planta que cumple el ciclo de su vida en un periodo muy corto. Así que,  quizá sea el término efímero el que caracteriza nuestro tiempo. Todo es fugaz, pasajero. Ya existen aplicaciones de mensajería para móviles que destruyen los mensajes según se leen. Parece que por seguridad. Pero, en definitiva, no merecen permanecer. ¿Para qué conservar lo banal?

En botánica el término efímero también se aplica a las flores que sólo se abren una vez y en unas horas se marchitan. Aquí entramos en otro territorio. Hablamos de la belleza y del raro privilegio de estar ahí en el momento en que se produce. En este caso desearíamos que lo efímero no lo fuera tanto y que el prolongado esfuerzo de la planta por crear la belleza no se dilapidase de manera tan rápida. Más aún si no estuvimos ahí en el preciso momento en que la flor se desplegó y perdimos nuestra oportunidad de contemplarla.

A veces, largos procesos de creación culminan con una exposición al público fugaz, no por voluntad propia, sino porque, en medio de tanto impacto banal que no se autodestruye, pasan desapercibidos. Milagrosamente, algunos de estos procesos permanecen. O quizá no es cuestión de milagros. Nos gustaría creer que es cuestión de justicia y que la calidad es una protección contra la invisibilidad.

En tiempos de lo efímero es un privilegio encontrar la belleza que no es fugaz. Nos da la posibilidad de disfrutar de algo que un día nos perdimos y nos ofrece una nueva oportunidad.

Este mes tienes varias muestras de esas flores raras, por escasas, que te ofrecen una segunda oportunidad para su contemplación. No la desaproveches. Ten en  cuenta que aunque no son efímeras, no durarán para siempre. En algún momento desaparecerán.

 

 

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