Meeting Point Danza

La vida tiene un pulso. Imperceptible si  no te  detienes a apreciarlo. A veces, aun intentándolo es difícil sentirlo en medio del torbellino cotidiano. Pero el pulso recorre todo lo que acontece. El pulso marca los tiempos, los ritmos de lo que sucede. Ese pulso nos envuelve, nos vincula unos a otros.

A veces el arte  toma el pulso a la vida. Otras veces no, y se convierte en arte decorativo. Como el bodegón en la pared del salón, sólo sirve para tapar huecos. A veces el teatro es así, arte decorativo; arte prescindible. Sirve para rellenar huecos en el  tiempo,  soluciona la tarde del sábado. Evita que nos enfrentemos a esa temible hora libre, al vacío del nada que hacer. Algo es algo.

Otras veces el arte, el teatro y la danza cobran su verdadera dimensión: capturan  el pulso de la vida. Son  capaces de evidenciar las corrientes que articulan nuestra existencia; esas corrientes invisibles que se deslizan silenciosamente a través nuestro, apenas perceptibles pero poderosas.

Cuando el teatro toma el pulso a la vida hace visible lo invisible. Y por eso, este mes, en Cuarta Pared, podemos encontrarnos con que el teatro habla de una ciudad que sacó las raíces a las farolas; o  puede evidenciar que  la desobediencia está en el ambiente y es imprescindible hablar de ello; o  la danza, que  no habla del pulso sino que lo  muestra, se ocupa, por ejemplo, de la fragilidad, de nuestra fragilidad.

Siente el pulso. Ven a ver lo invisible.

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