En Cuarta pared hay un virus. Un virus contagioso. No respeta a nadie.  Nadie está a salvo sea adulto, niño, hombre o mujer.

A veces el contagio se produce cuando alguien casualmente se acerca a ver un espectáculo. Muchas personas que han asistido por primera vez a una obra de teatro en nuestra sala  ya no han podido parar de ver teatro. Otras veces algunos profesionales han caído, no se sabe por qué razón,  en un laboratorio de ETC,  nuestro área de investigación, y el virus les ha afectado a la visión. Su forma de ver el teatro ya nunca ha vuelto a ser la misma. Y aquellos que han tenido la desgracia de conocer  nuestra escuela ya no tienen remedio. Tienen el mal de la hiperactividad: crean compañías, escriben textos, dirigen teatro… no pueden parar, son insaciables. El virus les hace querer saber de todo, se interesan por todo.

Los más afectados son los niños. Eso es lo más triste. Algunos pequeños se inscriben en los cursos de teatro y su contagio es aún mayor. Porque quien asiste a clases de teatro siendo niño, cuando el cuerpo aún no ha desarrollado todas sus defensas, se ven mucho más afectados, no tienen solución. Ya jamás tendrán la libertad de ser zafios, vulgares, banales o insulsos. La cultura les corroerá durante toda su vida. Ni siquiera hace falta que la exposición al virus sea prolongada. Algunos niños o adolescentes vinieron un solo día acompañados por su profesor del colegio: todos contagiados. No uno, ni dos…clases enteras que asistían a una obra en una campaña escolar y que ya no podrán librarse nunca de este mal. El teatro irá con ellos  para siempre. No se ha encontrado aún el antídoto.

No exagero. Somos peligrosos.  Durante este mes de junio, en la sala, hay ejemplos de todo ello. Profesionales formados en Cuarta Pared que han creado compañías; personas que se conocieron en ETC, nuestro espacio de investigación,  y han generado espectáculos sin tener nada en común más que ese maldito virus; niños y adolescentes que  muestran su trabajo de todo el año como si estuviesen orgullosos  de estar afectados; un espectáculo de jóvenes que llevan tres años con nosotros y que quieren dedicar su vida al teatro… Sí, a estos el virus les infectó con tal furia que quieren ser actores. Ahora se van, pero  saben que el mal irá con ellos para siempre.

Si no creéis todo esto, tan sólo tenéis que visitarnos este mes y lo comprobaréis. Aunque piénsatelo bien, el virus no distingue. De una u otra manera lo más probable es que quedes contagiado.

 

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