Tierra de tiza

Un actor fue a presentarse a una prueba para conseguir un trabajo. Le dijeron que para optar al papel tenía que tener veinte mil seguidores en redes sociales. ¿Eres mejor actor cuantos más seguidores tienes? De todas formas, no hay problema: los seguidores se pueden comprar. Las empresas los compran.  Compran bolsas de seguidores para mejorar su reputación. Los famosos los compran para animar a otros  para que les sigan. Las cifras no reflejan la realidad. Al igual que todo se ha inundado de noticias falsas, las tristemente célebres fake news que tan bien manejan los populistas, también nos inundan las cifras falsas o medio falsas, que como las verdades a medias, muchas veces son peores.

La crisis ha pasado. El salario medio del año 2018 es de 1.639 euros al mes. ¿No resulta extraño? Si uno mira a su alrededor, ¿no hay incongruencias entre esos números y lo que ven nuestros ojos  y oyen nuestros oídos? Las cifras enmascaran. ¿Hay que dejar de hablar de precariedad y crisis? ¿Cuánta gente debe cobrar 400 euros para compensar los cientos de millones que ganan otros y que el salario medio sea el que es? ¿Cómo les explicamos a los que están en la parte baja de la pirámide que tienen que estar contentos por ese mejorado salario medio?

Los creadores que se suben a nuestro escenario seguramente no tienen veinte mil seguidores en sus redes sociales. No se lo preguntamos. No nos hace falta. Sabemos de su capacidad y  destreza, de su dedicación. Su tiempo lo emplean en formarse y entrenarse; en ensayar durante semanas, meses e incluso años para dar  lo mejor de ellos mismos en los proyectos que nos presentan. Sí, eso  lleva mucho tiempo. Seguramente el que les falta para conseguir miles de seguidores en las redes sociales. A cambio, sabemos que miran la realidad de manera despierta sin dejarse aturdir por las cifras. No se dejan engañar y nos ayudan a que nosotros tampoco lo hagamos.

Frente a las noticias falsas está el teatro. El teatro acoge a las personas y  mira a sus ojos. Lo que vemos es ficción pero…qué ficción más verdadera.

 

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